CERTAMEN LITERARIO MENCION: SRA. RAQUEL BESZCKO/ SIMJA PARAGUAY

LA LLAMADA

Mamá viajaba al exterior con cierta frecuencia, más específicamente a Israel, donde tiene gran parte de su familia. Entonces yo quedaba a cargo de la casa y de mi hermana menor. En una ocasión, cuando despedí rutinariamente a Mamá en el aeropuerto, no imaginaba el cambio que una llamada operaría en mi vida.

Había hecho contacto poco tiempo atrás, por Internet, con una persona, un joven de mi colectividad pero residente en un país vecino. Supuse que entablaríamos una amistad a distancia. Ningún viaje avizoraba en mi horizonte. Pero…Ni bien se fue Mamá, al volver a casa, sonó el teléfono: Una voz grave me saludó y esperó mi respuesta.

Demoré en contestar: mi voz se había congelado en mi garganta ¿qué era eso? No podía con la sorpresa; no recordaba haberle dado mi número telefónico en nuestros breves encuentros  informáticos.

-Sí, claro ¿cómo estás?- alcancé a articular.

El hielo se había roto. Continuamos hablando por largo rato, de manera fluida y amable. Entre risas y comentarios nos dimos cuenta que compartíamos algo más que un espacio virtual, que el conocimiento mutuo podía ser una realidad. Él planteó una visita. El corazón me saltaba en el pecho. Traté de serenarme y le expliqué que Mamá no estaba, que debía esperar a tener su autorización para recibirlo. Además – y eso no lo expresé en voz alta- quería ganar tiempo. Para entender la situación y entenderme yo misma.

Finalmente, y con el consentimiento de mi madre, él viajó entonces para conocernos “en vivo y en directo”. La espera en el aeropuerto me asustaba. ¿Cómo será? ¿Cómo serán su mirada, su forma de hablar, su caminar? ¿Cómo será su trato? ¡Eran tantas preguntas revoloteando en mi cabeza!. Llegó. Nos observamos mutuamente. ¡Qué sensaciones tan encontradas se producían en mí! ¿Le agradaré? Esa era mi incógnita.

Llegamos a casa, mi hermana nos recibió y le dio la bienvenida. Después de almorzar él quedó solo en la sala escuchando música y ella, muy sensata, me aconsejó tratarlo para conocerlo mejor

Así llegó la noche. Salimos a caminar: en un ambiente lleno de estrellas, conversaciones y descubrimientos: Nos gustábamos, pero había un problema. Antes de terminar la noche supimos cuál era el obstáculo: la distancia.

Al día siguiente, apenas regresó a su casa, me comunicó, directamente, que sus padres querían conocerme. Cuando ¡por fin! volvió Mamá, me autorizó para viajar y, aunque estaba muy sorprendida por los vertiginosos pasos dados, muy contenta por mí, me aseguró que todo saldría bien.

El encuentro con su familia fue muy emotivo. Volví a casa con la condición de obtener la autorización familiar y retornar pronto, para luego comprometernos. ¡Fue todo tan rápido!

Me preparé entonces para el reencuentro tan ansiado. Pasaron sólo tres meses. Nos comprometimos. Rápidamente llegó el día de la boda: ¡No lo podía creer! ¡Ni mi familia ni la de él!

Una llamada, una visita de un día y un trato de unos meses por mail. Una llamada de un desconocido que ya no lo es. Ahora, una hermosa familia en otro país. Sólo extraño a los míos, con los que sigo hoy en día en contacto por Internet.

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