CERTAMEN LITERARIO MENCION: SRA. NELIDA REZNIK (80) CIAM JOFESH AMIA

PRIMAVERA EN OTOÑO

Aquel sábado otoñal. El reloj marcó las dos de la tarde en punto.

Un estridente timbrazo indicó la hora de salida de empleados y operarios de la fábrica.

Una obrera caminaba presurosa, presintiendo una gran tormenta.

Las coloridas casas de La Boca se veían opacadas por la niebla.

Un ciclista pasó silbando “Nieblas del Riachuelo”. Al dar la vuelta una esquina, tropezó con un señor y cayó de rodillas sobre la vereda.

El hombre lo ayudó a incorporarse y se deshizo en disculpas por su torpeza. A su vez, le ofrecía acompañarla hasta su casa para asegurarse de que llegue sin contratiempos.

En el camino, ella le contó que trabajaba en una fábrica de camisetas.  Que sus días transcurrían grises como el tiempo, sin ninguna emoción.

Llegaron. El hombre volvió a pedirle disculpas, y tras asegurarse que ella ya se encontraba mejor, se retiró.

Ella abrió la vieja puerta de hierro, algo oxidada, que cantó su acostumbrado chirrido.

Un perro de pelaje marrón la recibió dando grandes saltos y ladridos de alegría.

Fue algo así como si fuera un mimo de bienvenida, esperando la devolución de una caricia sobre su cabeza.

Su hogar, un conventillo de paredes descascaradas y húmedas.

L ropa colgada de la soga como si estuviera descansando. Macetas con malvones de hojas amarillentas por culpa del otoño. En una jaula, un canario lanzaba sus trinos al aire, mientras avanzaba por el patio de baldosas flojas, el llanto de un bebé entristecía más la tarde gris.

Ella, dolorida, llagó por fin hasta su humilde pieza. Dejó su cartera y el tapado; sentándose al borde de su cama, miró con ojos llorosos y vio asomarse sus sangrantes rodillas desde  dos tremendos agujeros de su único par de medias.

Fue por unas compresas de agua fría para aliviar el dolor, sin dejar de pensar en sus desventuras.

Ya casi entrada la noche, escuchó unos golpes en su puerta, y grande fue su sorpresa, cuando vio al mismo hombre del encontronazo, elegante y prolijo en su aspecto varonil.

Lo invitó a pasar. Él le entregó una rosa y tomando sus manos le dijo: “El cielo se está nublando, parece que va a llover, así se pondrán mis ojos si te dejara de ver”

La atrajo hacia él y la besó tiernamente. Ella se dejó llevar, y se sintió por primera vez amada y protegida.

A la mañana siguiente y con los ojos aún cerrados, aspiró ese inconfundible olor del tabaco; se desperezó lentamente y vio como por las hendijas de las persianas se filtraba la luz del sol.

Balbuceó casi en un murmullo: “Dios mío, he pecado”.

Y sin más, sintió que dos fuertes brazos se entrelazaban a  su cuerpo, dulcemente y le susurraban al oído: “Querida mía te invito a que estemos juntos hasta la eternidad”.

Los acelerados latidos de su corazón, le hicieron comprender que el amor  había llegado a su vida.

 

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