CERTAMEN LITERARIO MENCION: SRA. MONICA R. STRUPP / SIMJA PARAGUAY

UNA TARDE CON HANNA

Hanna, como siempre, estaba en la hamaca… si, ésa que nos hizo el Opa con una vieja cubierta de tractor.  Le miré volar de lado a lado, y me encantaba ver su pelo largo bajo los rayos del sol  … Tenía diferente colores.

Estábamos de vacaciones en el campo de los abuelos… qué lindo era mirar para arriba. Claro, que como siempre, estaba yo tirada sobre el pasto… Me encanta el olor a pasto!, y  también las estrellitas que formaban los rayitos de sol entre los pinos.

Hasta los perros descansaban a mi lado. Pero ese día, algo diferente nos llamó la atención… Nos quedamos muy quietitas.

Abrimos los ojos y paramos las orejas. Eran risas… más risas… y más!

Nos miramos Hanna y yo, tratando de reconocerlas. ¡¡¡Sííí ! Eran las risas de Omi, Tante Marion y de la señora del veterinario…

Lentamente, para no ser vistas, fuimos la ventana de donde no sólo salían tan divertidas risas, sino también el aroma de un kuchen.

– Si, el que más me gusta, ¡de manzanas! Esas que ayer trajimos de la quinta.

– Shhhhh… estos perros con tan buen olfato también son tan curiosos como nosotras. Y allí estaban sentadas a la mesa…

Me encantaba ayudarla a poner tan linda mesa. Ese día, el de shabat, poníamos mantel largo, un caminero que marcaba el centro. Las velas en el candelabro que tampoco podíamos tocar,,,, sí, ése que trajeron de Alemania. Buscábamos flores y frutas de la quinta o del campo para adornarla y también hacíamos adornos con las piñas, pero teníamos que limpiarlas antes. Cada uno tenía su propio servilletero y había otros más para los invitados, porque siempre había alguno.

Poníamos las copas para los grandes… claro que para nosotros los chicos ponían solamente vasos,  pero al menos los lindos de vidrio, y  aparecían las bellas jarras para el jugo y para el agua, a las quel la Omi le ponía unos delantalitos para que no gotearan. Los cubiertos grandes para los grandes…”jajaja! Que simpático hubiera sido verlos comer con los cubiertos de postre, como nosotros”.

-“Hanna, yo sé lo que más te gustaba era preparar la ensalada. ¿Te acordás de la fuente blanca con flores azules? una vez casi la rompí, qué susto nos dimos!”

Ahora entiendo de qué hablan detrás de la ventana. La Omi le está contando su receta secreta de su espectacular Kuchen.

– “Hanna, te acordás que siempre la lleva de regalo a los Tés. Sí, a esos en los que no nos dejan participar. Sólo nos dejan afuera con los chicos, como si no supiéramos portarnos bien, pero te cuento que cuando sea grande, te voy a invitar sólo a vos….”

“Escucha, Hanna… Que si lleva tanto de harina o polvo de hornear… Hanna, ¿cuánto dijo que le ponen?  Igual no lo haremos hasta que seamos grandes.

Ahora sé para qué recogimos tantas nueces… eran para la torta! Y…¿ te acordás cuando fuimos a la despensa?… Sí!! Ahí! A buscar los chocolates que compramos en el pueblo…¡¡También eran para la torta!!”

La Tante anota todo lo que dice la Omi y le promete que para el Shabat traerá todo lo que dicta la Omi. Y la Sra. Marie dice que traerá una que será sorpresa, que le enseñó su mamá antes de salir de París. ¿Será que París está lejos? ¿Más lejos que el campo?

– Uy! Ya la saca del horno; me encanta la torta tibia.¡¡ Corre!!   Y “¡No te tires la plantera!  Seguro la pondrán en la ventana para que se enfríe.”   – “¡No!¡ Los perros no saben mantener un secreto!!  Con sus ladridos nos van a descubrir.”

“Dale Hanna, arréglate el pelo y vamos a lavarnos para el té.”

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