CERTAMEN LITERARIO MENCION: SR. ROBERTO AXELRUD/ CIAM JOFESH /AMIA

Un viaje con obstáculos

¡¡Por fin llegó el día tan ansiado por este matrimonio que transitaba la séptima década!! Esa noche, el sueño se cumpliría: ¡¡Raquel y Simón viajarían al Caribe!!

Como todas las mañanas, Simón le dio a su esposa su medicación, que consistía en un comprimido y medio ranurado por cuatro. Luego, como siempre hacía, Raquel tomó una ducha antes de dar cuenta del desayuno pero esa mañana sucedió algo fuera de lo común: al finalizar el segundo bocado, Raquel se desplomó en la silla. Desesperado, trató de reanimarla gritándole y sacudiéndola. Como no reaccionaba, llamó a Emergencias. Aunque la ambulancia llegó muy rápido, a Simón le pareció que había tardado una eternidad. Le hicieron las prácticas de rutina y, conectada a un suero, la transportaron a un sanatorio, donde quedó internada en terapia intensiva.

Mientras esperaba ansioso, una joven médica le informó que tal vez sería necesario intubar a Raquel. Como Simón conocía bastante ese procedimiento, supo de inmediato que la posibilidad de viajar esa noche quedaba completamente descartada.

Preocupado (y no menos desilusionado), se comunicó con su agente de viajes para cancelar todo.

Unos minutos después, la joven médica le dijo que habían logrado despertarla y que la pasarían a una sala de observación. Antes de retirarse, le preguntó si existía la posibilidad de que Raquel hubiera tomado algún sedante o hipnótico.

—¡En absoluto! —se apresuró a responder Simón. —Solo tomó la medicación habitual —afirmó seguro.

Sin embargo, esa idea quedó rondándole en la cabeza. ¿Y si se había confundido? ¿Y si en lugar del comprimido de siempre le había dado un somnífero por error?

Fue hasta la sala donde estaba Raquel y el alivio al verla mejor solo le duró unos segundos. ¿Cómo haría para decirle que ya había cancelado todo y que el viaje seguiría siendo solo un sueño?

La reacción de Raquel no se hizo esperar. Antes de que Simón terminara de decir “cancelado”, su mujer, incorporándose bruscamente en la cama ortopédica, le gritó con firmeza:

—¿Cómo que no vamos a viajar? ¡Si yo me siento bien! ¿Qué pasó?

Compungido, le contó lo que había pasado. A cada palabra de Simón, ella solo repetía:

—¡¡Vamos a viajar!!

Unas horas después, le dieron el alta y un certificado contando los hechos en el que constaba que Raquel se encontraba en perfectas condiciones de viajar.

De vuelta en su hogar, ante la insistencia de su esposa, Simón intentó reorganizar el viaje, pero el agente le dijo que ya era imposible. Sin darse por vencido, llamó a la aerolínea. Le recomendaron que fuera hasta el aeropuerto para consultar si aún podían viajar.

Ilusionados, cerraron sus valijas sin pensarlo dos veces y salieron casi corriendo (tan emocionados que ni siquiera repararon en que estaban llegando más de seis horas antes del vuelo).

La amable empleada de la oficina de pasajeros escuchó atenta el relato de Simón. Sin decirle una palabra, se alejó con el certificado de Raquel en la mano para consultar con su jefe, quien, no sin vacilar, los autorizó a subir al avión.

Y así, finalmente, Simón y Raquel pudieron cumplir su tan anhelado deseo.

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