CERTAMEN LITERARIO MENCION: NESTOR LEVIT / SIMJA /PARAGUAY

POR AMOR A LA FAMILIA

Luego de recibirme de Ingeniero Civil, comencé a trabajar en una afamada empresa constructora de Buenos Aires. Allí tuve mis primeras experiencias prácticas…y algunos tropezones ¿Quién no los tiene al iniciarse en el ejercicio de la profesión? Aclaro que no fue nada serio ni irreparable.

De a poco, me fui estabilizando y capitalicé las enseñanzas no sólo de mi jefe Ingeniero, sino de un señor capataz, un italiano al que siempre valoré como muy experto que era.

Llegué a concretar la ejecución de edificios muy interesantes en el barrio de Belgrano. Pero la empresa cerró por decisión del dueño y eso me deprimió notablemente. En las siguientes vacaciones de invierno, viajé a Paraguay con mi esposa e hijos de 12, 9 y 3 años de edad: El país nos encantó; había flores, color, aromas en el aire…Decidimos instalarnos y nos radicamos en Asunción.

Aquí tuve una propuesta de trabajo interesante: Sería en las obras de infraestructura de Itaipú, la enorme represa hidroeléctrica que se estaba construyendo entonces. Empezamos levantando casas, instalando redes cloacales, adoquinando calles y hasta logré materializar una coqueta iglesia. Todo el trabajo se hacía en la zona de obras, lejos de la capital donde estaba mi familia.

Los fines de semana retornaba entusiasmado a Asunción, donde me reencontraba con mi familia: les contaba qué había hecho en la semana y cuánto los extrañaba a todos. A veces traía alguna rama de árbol ornada de orquídeas, o alguna otra planta florida que, para mi Susy era el mejor regalo (junto con mi visita, según decía).

En Ciudad del Este me hospedaba con otros colegas en el Hotel Acaray; uno de ellos, también Ingeniero, se apellidaba Levy; con él seguimos siendo buenos amigos. Como mi apellido es Levit, solía haber confusiones debido a la pronunciación del empleado del hotel, sobre todo con las llamadas telefónicas de nuestras respectivas esposas.

  • ¡Ingeniero Leví! ¡¡Llamada para el ingeniero Leví!! – anunciaba a su manera el encargado y nos encontrábamos los dos, Levy y Levit, riendo junto al teléfono.

Algo similar ocurría cuando llamaba “mi Susy”… y la comunicaban con la habitación de mi homófono.

En una oportunidad en que no pude volver a Asunción el fin de semana, al recibir la llamada telefónica, me puse muy “mimoso” y, nada más tomar el auricular, expresé todo mi amor y mi nostalgia recordando –  a la que supuse era mi esposa- algunos momentos de intimidad. Pero, en lugar de tener una respuesta cariñosa:

  • ¡¡ Qué estás diciendo!! ¡Con quién creés que hablás! ¡Si este fin de semana viniste y estuvimos juntos! – exclamó airada una voz que nada se parecía a la de mi dulce Susy. ¡Era la señora de mi colega, a la que luego me costó convencer que yo no era su esposo!

De vez en cuando, todavía recordamos con una sonrisa aquellos desencuentros telefónicos ocasionados por la distinta pronunciación de mi apellido.

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