CERTAMEN LITERARIO MENCION: HECTOR SIFRIA (SHEMESH MACABI)

IULEK Y LAS VUELTAS DE LA VIDA

Iulek era un niño de 5 años, de los cuales dos transcurrieron en el campo de concentración de Auschwitz Birkenau. Su familia compuesta por su padre y una hermanita no hacía mucho tiempo habían sido llevados a las cámaras de gas, y él sin saberlo, solo de toda soledad, se aferraba a la vida deambulando por las barracas con otras criaturas en sus mismas condiciones. Algunos misericordiosos le daban migajas de pan y agua, y con eso sobrellevaba su existencia. Por las noches dormía en una cucheta junto a otros niños, y durante el día caminaba de un lado para el otro buscando no se sabe que, pero siempre con la tristeza y el miedo de no encontrar.

Aquel atardecer, en el brutal dolor del silencio comenzó a sentir gritos de órdenes y contraordenes. Por la noche nadie en los pabellones pudo dormir. Se sentía lejanamente el estruendo de las explosiones que lentamente se hacían más fuertes. Se aferró con sus manitos al pedazo de trapo con que se tapaba, agotado y sin esperanzas se durmió. Cuando amanecía todos saltaron de sus camastros y salieron de las barracas, no estaban los uniformados vigilando, solo se encontraron con los inmutables alambrados, y mas allá los campos desiertos; los maltratadotes seres que manejaban ese universo infernal habían huído como ratas ante el avance de las tropas aliadas. ¿Cómo podía un niño de cinco años comprender lo que sucedía? Sobrevivía por esos permisos que a veces le da la vida a algunos privilegiados. Otros uniformados llegados en camiones repartían agua y comida a los despojados humanos que se acercaban a los perímetros alambrados. Cuando terminó de comer y beber se dió cuenta que todos se habían marchado, pero él se resistió a irse sin buscar algún rastro de su familia cuando en un rincón descubrió algunos cadáveres amontonados, y, empujado por el temor salió al exterior. Seguía sin entender pero su instinto lo llevó fuera del campo. Iulek era en esos momentos una hoja otoñal flotando sin rumbo. Dios empezaba a manejar los hilos de su destino.

Caminó solito por senderos y bosques tenebrosos, pero un día sucedió que un grupito de niños en sus mismas condiciones pasaron cerquita y comenzó a seguir detrás de ellos. Solo dos hablaban Idish, una niña de diez años y él. El grupo deambuló unos días hasta que por razones de idiomas Iulek y Malka se separaron y comenzaron su desorientado derrotero solos. Ella lo cuidaba, lo aseaba y le proporcionaba algunas raíces comestibles y por la noche lo abrazaba calmando sus temores. Treinta días pasaron hasta que los recogieron y los llevaron a una Iglesia Cristiana, asilo de huérfanos de guerra. Malka, como podía, les hacía entender que Iulek era su hermanito, condición que le permitía estar cerca de él. El niño había encontrado una madre y ella a un hijo. Y allí pasaron seis meses hasta que un anciano Rabino de barba blanca, traje negro y sombrero acorde, llegó al lugar. La madre superiora los alineó a ambos lados del salón. El visitante se subió a una tarima y dulcemente comenzó a cantar una canción de cuna. Shein Vi Di Levune Lejtik Vi Di Stern (Linda como la luna, brillante como las estrellas), y sin haber terminado de cantar, cuatro niños se acercaron a él y al unísono susurraron, Mamele, Tatele (Mamita, Papito), la magia de ese sonido produjo el milagro. El Rabino le pidió a la religiosa que le diese el permiso de llevarse a estos pequeños a su congregación.

Ya dentro de una Sinagoga una familia Norteamericana tomó en adopción a Iulek y sin tener tiempo de despedirse de Malka, su hermana, partió hacia el destino definitivo.

A los veinticinco años de edad atendía a la solicitud de empleadas para su empresa. La última solicitante entró y él le entregó la planilla para que escribiese su Currículum. Mientras ella llenaba los requisitos la miraba y su corazón se aceleraba involuntariamente. Sin levantar la vista y con el respeto de los que necesitan el trabajo, ella le entregó el papel, se dirigía hasta con temor, él bajó la vista para leer la cuadrícula, y solo leyó dos ítems, estado civil….Soltera…Familia… Hija adoptiva. Le devolvió suavemente la hoja y le dijo con voz piadosa:  “Donde dice hija adoptiva escribe: Un hermano”’. Ella miró sus ojos y vió la imágen de aquel niño pequeño y desamparado, al que había cuidado esos meses de vida miserable. Ese hombre era Iulek. Temblaba y mirándolo fijo, dos lágrimas como diamantes escurriéndose bajaron por sus mejillas, él tomó su mentón con dulzura y le dijo lo que no pudo decirle en el orfanato veinte años atrás: “¡Gracias Malka!” En ese momento nació la historia de amor mas hermosa que se haya conocido.

El veintiocho de Diciembre del 2014, en la revista Forbes se publicó el siguiente obituario:

“Famoso empresario y filántropo, IULEK BERGMAN ha fallecido, su amada esposa MALKA, sus adorados hijos y nietos ruegan una oración en su memoria”.

HECTOR SIFRIA  Grupo Shemesh O. H. Macabi   Mayo 2015

 

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