CERTAMEN LITERARIO: MENCION/ Sara G. de Petasny (80) JAI Comunidad: AIBB – Bahía Blanca

  Mami, ¿ésa es la cigüeña?

     Hace mucho tiempo ya, estaba esperando mi segundo hijo. La familia, contenta, comentaba la feliz espera. Mi hijo mayor tenía cinco años. Escuchaba en silencio. Como soy de una familia muy tradicional, no tuve mejor idea que decirle que la cigüeña iba a traerle un hermanito con quien jugaría. Le fui dando todos los argumentos necesarios para que fuera aceptando la nueva etapa.

     Todo se cumplió con normalidad y, finalmente, llegó el hermanito. Acompañado por las abuelas, mi hijo llegó al sanatorio. Se aproximó a la cama, me dio un beso y, tímidamente, preguntó dónde lo tenían porque la cunita estaba vacía. Le dije que lo habían llevado a la nurserí para cambiarlo y ponerlo lindo para que él lo conociera. Mientras aguardaba que lo trajeran, escudriñó cada rincón de la habitación y… ¡oh, sorpresa! Descubrió una manija que estaba adosada al pie de la cama. Sin perder tiempo, comenzó a darla vueltas. De pronto, sentí que mis piernas estaban a la altura de mi cabeza. Tuvimos que convencerlo de que eso no se podía tocar. En ese preciso momento, apareció la enfermera con el bebé en sus brazos y mi hijo mayor corrió a abrazarlo muy contento. Con su aprobación, decidieron depositarlo en la cunita. Él no dejaba de observar a la enfermera. Cuando la mujer se retiró, mi hijo se acercó a mí y en voz muy bajita me preguntó: -‘Mami, ¿ésa es la cigüeña?’

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