CERTAMEN LITERARIO MENCION: Nombre y apellido del autor: Jorge Simón Gruver (80) CIAM JOFESH

La felicidad del abuelo Tobías

Tobías era el abuelo que durante su juventud todo lo tomaba con buen humor y en su lecho de despedida muy difícilmente iba a modificar su estado de ánimo. Con sus ochenta y pico de años disfrutó de toda su familia, de sus nietos, amigos y gozó tratando de despertar en su entorno siempre una sonrisa, sembrando un clima de alegría aun cuando pase un momento de mucha tristeza, gozando con una sonrisa la presencia de sus afectos.

Sus nietos recuerdan infinidad de anécdotas que lo definen de cuerpo entero. Cuentan que cuando subía al colectivo con ellos, trataba de ir al destino convenido a la hora en que pasaba un transporte en que el chofer era su amigo y cómplice de sus ocurrencias. Entre ambos producían un dialogo que despertaba una gran sonrisa en todos los que los acompañaban. Ya en el vehículo comenzaba la diversión para todos. El chofer y amigo de siempre le preguntaba: – ¿Tobías, a dónde vas? Y el abuelo le contestaba: – A mi casa. – ¿Dónde queda tu casa? – Por donde pasa este colectivo, respondía Tobías con seriedad. -¿De cuánto es el boleto? le preguntaba el chofer. Y vaya si el abuelo era ingenioso en su respuesta: – deme el más barato, cobro la mínima. El dialogo proseguía entre ambos siempre con respuestas que solían despertar una sonrisa, aprecio y simpatía muy especial de todos los acompañantes circunstanciales de cada viaje. Lo que más le alegraba a su amigo el chofer, era la reacción que provocaba en el pasaje por lo ingenioso de su respuesta cuando simulaba reprocharle al abuelo: – ¿Tobías, me estás tomando el pelo? Y este respondía: -No puedo, tengo que agarrarme del pasamanos y solo tengo dos manos.

Su amigo el chofer, recuerda que era tan pícaro que cuando pasaba frente al colegio del barrio y subían los chicos los entretenia con cuentos fantásticos que le brotaban del alma ante cada sonrisa de ellos. Esa respuesta de los pequeños se reflejaba en el rostro de Tobías con una alegría que conmovía.

Esos días de ausencia por su enfermedad, unas lágrimas surgieron de aquellas caritas que añoraban su presencia. Su nieto mayor recuerda cómo lo divertía cuando era pequeño él y sus hermanos, la llegada del abuelo luego de una jornada de trabajo, cuando pasaba adelante del espejo de su casa, se saludaba él mismo ante su reflejada imagen al mismo tiempo que de reojo disfrutaba las risas de ellos, y se notaba el momento de felicidad en su rostro.

Así era el abuelo, rodeado en ese instante de sus amigos, de los chicos que fueron a verlo y al conocer la situación no querían que se fuera sin despedirse de ellos, del chofer y cómplice que siempre lo llevaba y lo traía de sus tareas cotidianas y luego de jubilado acordaba en el mismo horario para el traslado donde disfrutaba con sus muchos afectos de la vida.

Todos, no faltaba nadie, los que lo conocían sabían que el reloj de la vida le estaba marcando sus últimas horas. Pero él representaba para ellos no solo un amigo que se había ganado el amor y cariño de todos ellos sino aquel que siempre aportaba a los demás un cambio positivo ante un problema que al otro lo aquejaba. Se fue para alegrar a los demás desde arriba con una sonrisa. Su ausencia no será jamás olvidada por los que lo rodeaban en ese instante. Había despertado un lazo de amor profundo entre él y los demás.

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