CERTAMEN LITERARIO MENCION: MARTHA SEVLEVER /CIAM JOFESH

AGUARIBAY

Se elevaba majestuoso, ahí en el centro del parque.

Su cúpula pugnaba por alcanzar el cielo y allá en lo alto la brisa soplaba sobre las hojas, que en su vaivén parecían hacerle cosquillas a las nubes.

Sus ramas se alargaban en todas direcciones, protectoras como los brazos de una madre de muchos brazos.

Siempre ataviado de verde, tanto en verano como en invierno, fue testigo de alegrías y tristezas de cuatro generaciones.

¡Ay ay! Cuánto te amaba mi querido aguaribay

Su copa, cual sombrero de ala ancha prestaba su sombra para brindar un rato de frescura a los chicos sudorosos que hacían un parate en sus juegos, a algún lector que se acomodaba en su reposera de madera con el asiento de lona rayada, a dos amigos que intercambiaban  que  escucharon sus oídos.

Pero un día comenzó a envejecer.

Su ropaje verde se fue tornado castaño, las arrugas invadieron sus hojas, sus remas fueron quedando desnudas. El abultado tronco se fue ahuecando, como si un ave de rapiña hubiera carcomido sus entrañas. Ya no estaba tan erguido y se inclinaba ante el embate de una tormenta.

Doloroso fue el momento en que hasta varias cuadras a la redonda se escuchó el sonido destemplado e hiriente de una sierra eléctrica, cuyos dientes se hincaron en la madera convirtiéndola en rodajas de leña, mientras otra máquina arrancaba de cuajo las raíces aferradas a la tierra.

¡Ay ay!

Cuánta tristeza

Ha muerto el aguaribay.

El espacio se llenó de vacío, los pájaros pasaban de largo, hasta que alguien decidió plantar un árbol sobre las cicatrices que había dejado aquel otro.

El elegido fue un sauce que comenzó a crecer fuerte y lozano, con el vigor de los años mozos.

Ahora sus ramas se elevan hacia el cielo, pero al llegar a cierta altura dibujan una curva y se inclinan con humildad haciendo una reverencia.

Al atardecer sus hojas lloronas derraman lágrimas sobre la tierra, de vez en vez el viento se cuela entre las ramas  y su silbido repite a quien lo sabe escucha .

¡Ay ay! Dulce añoranza

Amado aguaribay

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