CERTAMEN LITERARIO: MENCION/ SRA BESI BRUSCHTEIN

ALBINONI NOS UNIÓ

Nos conocimos ese verano… Mar del Plata. En ese verano y no otro nos enamoramos.

El recuerdo de mil instantes me conmueve.

La playa y yo, muy temprano en un diálogo sin palabras con el mar.

La arena suave, tersa, sin pisadas que la agredieran a esa hora. Era mi paseo habitual. Después la zambullida decidida y erótica; nadar y las sonrisas que surgieron también; sacudirme el agua fría, una campera y al hotel.

Habrán pasado dos o tres días, no más. Yo estaba sola y necesitaba descansar.

Ocurrió el sábado a la noche cuando terminó el concierto del Provincial.

La emoción que provocaron en mí las notas finales cada vez más suaves hasta apagarse del Addagio de Albinoni, dulce, etéreo me hizo permanecer en la butaca sentada sin apuro con el disfrute oradando mi corazón.

El público se fue retirando y pocos quedamos retrasados en la sala.

Al bajar las escalinatas trastabillé y, de inmediato, alguien sostuvo mi brazo. Levanté sorprendida la vista. Eran las manos seguras de un hombre joven. Eran las tuyas.

Nuestras miradas se encontraron.

Sentí una emoción que se sumaba a la acumulada a lo largo del concierto. Los dos, parados en el primer escalón, cambiamos opiniones y nos hacíamos preguntas.

Nos hizo gracia la situación y propusiste continuar en la Boston, café mediante y yo, sin dudar un segundo, acepté.

Estuvimos largo rato conversando; tal vez surgieron menos palabras que cuanto expresaban nuestras miradas.

Nos contamos y preguntamos tantas cosas…nuestras vidas extractadas en ese rato.

La casualidad hizo que nos encontráramos, vos haciendo Composición y Dirección Musical, y yo que toco flauta traversa.

Nos sorprendimos y esa sorpresa continúa. El mar, las olas salobres y dulces al mismo tiempo hicieron sin que lo supiéramos, que nos acercáramos a su inmensidad

No importa cuanto tiempo pasó. Tanto tiempo después, seguimos juntos.

Vos estás desde hace unos días en nuestra cabaña de San Clemente y yo tuve una serie de conciertos en Buenos Aires. Ayer llegué; estaremos juntos y podremos estudiar aquí un tiempo.

Los vidrios empañados, afuera el frío intenso y adentro el calorcito.

Desayunamos un chocolate humeante y como fondo, el Addagio de Albinoni.

Nos preguntamos si somos merecedores de tantos momentos de felicidad y acordamos que sí.

Luego del desayuno nos abrigamos y fuimos en busca de la playa, que se deja caminar y nos lleva hasta donde podamos llegar así, abrazados.

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