CERTAMEN LITERARIO MENCION: SRA. AMALIA SCHNIR/ LI.OR

Aparición

Sintió, como antes, “… la casa tenía una reja…”, Martina con su sonrisa escuchaba la canción que la haría revivir tantos momentos de su vida.

Miraba las pocas plantas añorando aquel jardín con la parra y el limonero, tan lejos y tan presentes en su recuerdo.

Tantos años pasaron y ella fiel a lo suyo seguía viendo la hiedra, el jazmín, y hasta sentía su perfume.

Vivía esperando la voz de Nora. Sabía que no podían volver de tan lejos e incluso creyó que la crisis tenía que ver con ello.

Hasta cuándo duraría la ausencia de los suyos?

En sus sueños, el timbre de la casa la hizo temblar.

– Y ahora quién?   Se dijo.

Como pudo, llegó a abrir la puerta. Un rostro desconocido la asombró.

– Perdón, ¿quién es?, dijo.

-¿Cómo?, le contestaron, ¿no me reconocés, abuela?

¡No pudo, no quiso dar rienda suelta a sus recuerdos!, ése no podía ser Luis, su Luisito, tan pequeño, tan dulce.

No logró articular palabra hasta que una mujer detrás del hombre le regaló una gran sonrisa y su voz consiguió ayudarla en este momento.

– ¡Mamá!, le aclaró una señora, esa hermosa mujer frente a la puerta.

Martina no pudo dejar su emoción frente a esa Nora, que tanto tiempo estuvo tan lejos. La mujer temblaba, se aferró al hierro de la puerta y sólo dijo: -no… no sé… tanto tiempo…

– Sí, abuela, aportó el muchacho, ese que ahora era un hombre, que había sido aquel chiquillo al que tuvo en sus brazos durante su primera infancia.

Martina volvía a ser feliz y así hizo pasar a esa hija y ese nieto que le enseñaron como la vida hace crecer a todos, a todo.

Sólo podía repetir una y otra vez: -¿cómo? ¿Así crecen, así tanto, los chicos?

Mientras abrazaba a ese “niño” a quien abrazaron sus jóvenes brazos, a quien la vida convirtió en ese hombre que le sonreía mientras repetía: -abuela, abuela…, con tanto amor.

Que durante tiempo estuvo tan lejos y que la vida le devolvía a su inconmensurable amor, después de una ausencia tan, tan larga.

Pero hoy era hoy, con Nora, su hermosa hija y su Luisito a quienes añoró tanto, tanto, que le susurraban ahora: -Abuela, abuela…

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