CERTAMEN LITERARIO: MENCION/ SR. GUILLERMO SZAC / LI.OR

Un hijo diferente

Guillermo Szac – Taller de Narrativa Li-Or

Agobiado por el peso de un odre de cuero lleno de agua y una bolsa con raciones de comida, Osías Bursztein miró por última vez la casa de su desamorada tía, con la que vivía después de la trágica muerte de sus padres, a manos de unos bandidos polacos. 

Se dirigió al puerto. Adoraba los muelles y sus barcos. En un descuido de la vigilancia, subió a uno y se escondió en una bodega maloliente. La nave tenía como destino América.

A sus once años estaba solo y desamparado e indigente, como solamente un judío polaco podía estarlo.

Un gato solitario, como él, fue su única compañía en la travesía. Una noche entre sueños, vio a sus padres, como en una foto. Le pidieron que dejara de llorar, porque pronto gustaría de un mundo con nueva felicidad. Después de esta imagen, Osías cambió su tristeza por una positiva ansiedad hacia todo lo venidero.

Una mañana escuchó los toques insistentes de la sirena del barco. Por un ojo de buey vio un atracadero que buscaba un remolcador. Habían llegado. Se asomó a la cubierta. Gente de un abigarrado colorido esperaba por un lugar en la planchada. Hombres, mueres y niños vociferaban y gesticulaban como en una nueva Torre de Babel.

Sus ojos se cruzaron con los de una mujer rodeada de cuatro menores de corta edad y uno en brazos. Pero también otros ojos miraban al polizón. Eran los de un marinero de guardia por la cubierta fue en su busca.

Minke Reznik se hizo cargo de la situación. Corrió hacia Osías y empezó a zamarrearlo del brazo, como si hubiese cometido la travesura de alejarse de la familia, mientras en idish le decía que no se asustara porque su enojo era fingido. El guardia se convenció alejándose del lugar.

Todos juntos bajaron a tierra. Un hombre esperaba a su mujer con un gesto de contrariedad al ver al muchachito desconocido. Ella en silencio le pidió resignación. Leizer Kaplan aceptó la situación y juntos marcharon a la precaria vivienda que había alquilado.

Esa noche, después de cenar, el hombre sentó en una de sus piernas al Benjamín y en la otra a Osías, en señal de aceptación, para beneplácito de su esposa.

Minke tuvo dos hijos más en América. La familia se fue adaptando a la nueva vida. Leizer vendía verduras en un carro tirado a caballo y Osías fue su acompañante inseparable. Le encantaba acompañarlo. Al crecer compartió el arduo trabajo con ahínco, por amor a la familia.

Los hijos fueron aplicados en la escuela, cursaron estudios secundarios y ya grandes en la universidad, para orgullo de sus padres y alegría de Osías.

Con los ahorros obtenidos del trabajo compraron una casa grande y una quinta de verduras, vendiendo los productos en la modalidad mayorista.

El curso de la vida se cumplió para Minke. Había llegado al fin de su camino. Se marchó para siempre, rodeada de afecto de su dilecta prole, de Leizer y de Osías.

La ausencia de éste se hizo sentir cuando todos volvieron del cementerio. Al faltarle su madre adoptiva había decidido partir para buscar por el mundo lo que pensaba que sería su verdadero destino…    

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s