CERTAMEN LITERARIO: MENCION/ JORGE S. GRUVER (80) CIAM JOFESH

“Un accidente, un nuevo amor”

Romario, con sus 75 años a cuesta, regresaba ese día de verse con sus amigos; pensando y reflexionando sobre los temas de conversación que habían encarado. Pese a los éxitos profesionales obtenidos, y de haber constituido una familia de la cual se sentía muy orgulloso, reflejaba él, mucha melancolía por encontrarse solo, ya que tenía a sus hijos lejos. La falta de su compañera y de los afectos más íntimos, lo había turbado bastante por no poder participarlos a todos ellos, justo ese día en particular. En ese momento sus pensamientos lo trasladaban a un pasado lleno de recuerdos y felicidad con sus seres queridos; sentía mucho la soledad.

Se encontraba en camino a su domicilio, sumido en sus recuerdos, que siempre los mantenía vigentes, cuando un grito de una persona lo trasladó a la realidad; encontrándose con una dama tirada en la vereda con gestos de profundo dolor, ya que se había roto el taco de uno de sus zapatos habiendo perdido el equilibrio y probablemente sufrido alguna lesión. Trató de ayudarla pero al mínimo movimiento para recuperar el equilibrio, le era imposible realizarlos, y tenía mucha dificultad para articular y apoyar una pierna. La mujer por el dolor no podía expresar una respuesta que tuviera sentido ante las preguntas que Romario le formulaba. Ante esa situación él tomo la decisión de llamar al SAME[1] para que manden una ambulancia urgente, logrando mientras tanto llegara, que ella se quedara quieta, se calmara y pudiera responder a su requisitoria, para contactarse con un familiar que la acompañara y se hiciera cargo de la situación.

A los pocos minutos llega la ambulancia y luego de revisarla y proporcionarle un calmante, el médico expresa que para poder diagnosticar lo sucedido deberá trasladarla a un centro asistencial lo que ella presta su consentimiento pidiendo a Romario que se comunique con su hija, explicándole lo sucedido y viniera ella o algún familiar lo más rápido posible. También le pide a Romario que por favor la acompañe mientras estaba sola en esa situación, asintiendo él.

Llega la hija y Romario se retira con destino a su domicilio, proporcionando antes su número de teléfono ante el pedido de ambas. A los pocos días recibe el llamado de la mujer accidentada agradeciéndole la ayuda prestada poniéndolo al tanto de su situación actual. 

Transcurrido un período de varios días, recibe sorprendido un llamado de una tal Zulema, invitándolo a tomar el té a su casa, y ante el silencio que se produce en Romario, ésta le recuerda que es la persona que él había socorrido y que quería agradecerle su participación.

Así sucede encontrándose él, con una persona elegante, agradable, locuaz, simpática de unos 75 años según ella pero de apariencia mucho menor, quien no solo le agradece por la ayuda prestada sino demuestra en sus modales y conversación una actitud que lo conmueve. La conversación entre ambos lo hace sentir a Romario feliz, cómodo y muy bien, transitando la misma sobre el tema de ambas familias prestándose mucho interés el uno sobre la palabra del otro. Así fueron transcurriendo los encuentros cada vez con intervalos más cortos en que ambos iban sintiendo la necesidad de las tertulias y compañía de uno con el otro.

Romario con pensamientos maliciosos agradecía en su mundo interior el accidente del cual fue protagonista. Para él la soledad se convirtió en un recuerdo y para ella un nuevo amor resurgía de la profundidad de su corazón sin proponérselo.     

[1] Servicio de Ambulancia municipal de CABA – Argentina

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