CERTAMEN LITERARIO 2015: MENCION SRA. ESTER OCHMAN/ AMEINU SIQ

CARTAS DE UNA MADRE A SU HIJO

Hoy estàn en el cajòn de la mesa de luz de la habitación de Mijele, nieta de esta madre. Ùltimo lugar después de haber recorrido muchas mudanzas. Ahì estàn, sì, amontonadas junto a otras cosas no tan importantes como èstas, las cartas de èsta madre que escribe a su hijo.

Cada vez que Mijele habrìa este cajòn, ellas se le aparecen de frente, como pidièndole que las tome y las relea. Si bien las hojas de papel estàn muy amarillas ( ya que tienen màs de 50 años), las letras aùn no se han borrado. Estas son muy pequeñas, estàn escritas en idish con pluma y tinta.

A veces Mijele toma una al azar y comienza a leerla: Todas las cartas tienen un encabezamiento tierno, dulce y conmovedor. Desde Polonia la madre le escribìa a su hijo Jaim asì: “ A mi querido y amado hijo”. En todas las cartas le expresaba lo mucho que todos lo extrañaban. El deseo de abrazarlo fuertemente estaba siempre presente en ella. Este deseo amortiguaba en parte el dolor que sentìa por su ausencia.

Algunas veces contaba anècdotas de la vaca que tenìan con ellos, llamada “Rogele”. Recordaba como su hijo Jaim la habìa molestado siempre tiràndole de la cola. Tambièn sus otros hijos hicieron lo mismo: Rogele estaba siempre alerta para protegerse de los tirones. Pateaba a todas las personas que se le acercaban menos a ella ( la madre), quièn la ordeñaba dos veces al dìa para luego vender su leche, queso y cuajada.

Rogele fue durante mucho tiempo el sustento fundamental de esta familia huèrfana de padre.

Tambièn en sus cartas la madre preguntaba por sus amadas nietas: Janele, la mayor y Mijele la màs pequeña.

Escribìa todos los meses y se lamentaba que su hijo no le contestara màs ràpido. Cuando podìa le enviaba encomiendas con chocolates y semillas de zapallo tostadas para sus nietas. En las siguientes cartas preguntaba si estos regalos habìan llegado bien.

Ella ansiaba venir a la Argentina: Su hijo trabajaba muchas horas como planchador en una fàbrica de confecciòn de ropa. Juntaba dinero para traerla. Faltaban pocos meses para que la madre se embarcara para Amèrica.

Jaim seguìa trabajando doce, catorce horas por dìa. Sus nietas esperaban ansiosas y alegres la llegada de la abuela.

Las personas mayores hablaban de la guerra en Europa. Mijele y Janele no entendìan sobre estas cosas. Sòlo esperaban a su entrañable abuela.

Los meses pasaban, la espera se hacìa muy larga, interminable. En la radio se escuchaba decir que Alemania invadìa y bombardeaba territorios europeos.

Pasò el tiempo, las cartas desde Polonia dejaron de llegar, por lo que Jaim comenzò a escribir a su madre màs frecuentemente para tener de este modo alguna noticia. Pero ya no la hubo. Sòlo silencio existiò…Sì, silencio de voces y de palabras escritas y mucha tristeza en este rostro de este hijo.

Con el tiempo estas niñas comenzaron a entender lo que no se atrevieron a preguntar a su padre.

Hoy Mijele y Janele, ya adultas, releen estas cartas junto a sus hijos y todos observan tambièn las fotos, para no olvidarse jamàs de estos seres tàn queridos y añorados por todos.

 

 

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