CERTAMEN LITERARIO MENCION: SAMUEL KLURFMAN /AVIVIM /BET AM OESTE

CON EL Y SIN ELLA

El título de este relato no es un acertijo, sino el de un acierto en la decisión adoptada por una joven esposa, ante el primer conflicto planteado. Asumo el compromiso de narrarles los detalles de esta historia

Miguel y Estela regresaron de su luna de miel en Bariloche eufóricos Habían pasado una se mana de verdadera y merecida felicidad. Arribaron a su departamento en Belgrano, con ánimo bien dispuesto a iniciar su vida conyugal y  retomar  sus obligaciones profesionales sin nubarrón alguno que pudiera  empañarlo. Él era arquitecto y ella ejercía odontología, con discreto empeño ambos. Eran jóvenes sanos, y el porvenir se les aparecía esplendoroso.

Sin abrir las valijas, decidieron, como era domingo, que irían cada uno por su lado, a saludar a sus  respectivas familias. Miguel le dio   un beso  a Estela y salió. Ella, provisora, antes de irse, armó la cama matrimonial, y miró con amoroso placer la colcha con la cual cubrió: era de encaje, y había pertenecido  a su abuela materna, como una reliquia familiar.

Miguel, más expeditivo, portando una bandeja con deliciosas “coquitas” regresó antes, se puso a preparar un mate con todas las de la ley, para ofrecer a su esposa una amable sorpresa. Más, la sorpresa se la llevó él, cuando divisó a su bella mujercita llevando en brazos su perrita pequinés de hermoso pelaje, con una mirada de pocos amigos con un carácter celoso con el que Miguel jamás pudo armonizar. Conservaba de los mismos tristes recuerdos de sus visitas al hogar de Estela, pues debían encerrarlo por su actitud abiertamente agresiva hacia su persona, previendo que iba a quitarle  su dueña. En una oportunidad, se prendió  con tal fuerza de su pantalón que lo dejó inutilizable.

Seguro, desde ya, que habría un conflicto, por la costumbre de Mimi de dormir  a los pies de su dueña, le propuso a ella ubicarlo  sobre un almohadón en un rincón del dormitorio. Estela no se opuso, pero fue en vano el intento, pues al minuto de acostarse ambos, el pequinés estaba del lado suyo, y  su mirada a Miguel para nada era amistosa. La amenaza  era real, y al tratar de abrazarla un gruñido de Mimi anticipó un mordisco que lo hizo retirar. No formuló comentarios, pero su mirada a su cónyuge lo decía todo.

Estela le devolvió  la mirada con un gesto de impotencia. La solución que se encaró, permitió a la pareja prodigarse los arrumacos a los que tenían deseo natural, pero ocasionó una queja formal de los vecinos, dado los ruidosos gruñidos  de  Mimi durante esa noche de encierro en el baño.

No fue una buena noche, y en sus tareas ambos acusaron el efecto de lo sucedido. Al  anochecer  convencida  Estela que su vida conyugal estaba por encima de su cariño por Mimi, sin chistar la restituyó a la casa de sus padres.

El amor entre los cónyuges, pudo entonces manifestarse en total plenitud.

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