CERTAMEN LITERARIO 2015: MENCION GRUPO LIOR

TITULO: 118 años   (TEXTO COLECTIVO  Taller de Narrativa Li-Or   Profesora: Bárbara Hofman

En las primeras décadas del siglo veinte, Buenos Aires se quitaba la vieja ropa de aldea y se proyectaba hacia un destino de gran ciudad. Emparentada en muchos aspectos con las grandes urbes europeas, lanuestra se agitabaal compás de las oleadas migratorias. Numerosas colectividadesde variadísimos orígenes desembarcaban en estas costas: españoles, italianos, judíos de Europa y de Oriente. Los muchos que habían llegado ya a principios de siglo, recibían y se entremezclaban con los nuevos pobladores en un nutrido y variopinto mosaico étnico.

Producto de esas agitaciones, el crisol de razas forjó una amistad entre dos muchachos. Se conocieron cumpliendo el recién instituido servicio militar obligatorio y, aunque muy disímiles en sus formas, David y Marcos eran gemelos en su afecto. El primero, de origen azkenazí, estudiaba medicina cumpliendo las exigencias de sus padres, mientras que el segundo vegetaba en otro tiempo y estilo de vida, negándose a trabajar en la tienda de telas de su familia. Su oficina era el bar Agapito de Nazca y Avellaneda. Su hábitat, una pensión. Se había convertido en cuentenik desde que el padre lo echó de la casa por considerarlo un mal ejemplo para sus hermanos y hermanas, por no seguir las costumbres ortodoxas.

Un buen día, David recibió una invitación a la boda de su prima. Soltero como era, no dudó en pedirle a su amigo que lo acompañara, aunque fuera de colado.

Llegado el sábado de la fiesta, en la puerta de entrada de la amplia casa donde se celebraba el enlace, Marcos tomó del brazo a una viejecita distraída y le dijo: “pase, tía, pase” y de éste modologró ingresar como si fuera parte de la familia.

La velada transcurrió entre copas y manjares. La gente intercalaba platos con tandas de baile. Las mesas eran largas y estaban ubicadas alrededor de una más chica que ocupaban los novios y sus parientes más íntimos.

A los postres, la pareja estelar empezó su recorrido por las mesas para saludar a los invitados y sacarse fotos. Todos levantaban la copa expresando le jayim el consabido augurio de felicidad por ciento veinte años.

Al llegar a la mesa de los dos amigos, ella turbada, reconoció a Marcos. Éste, impertérrito y ceremonioso, le deseó, entre sonrisas y carraspeos, ciento dieciocho años de dicha y prosperidad. David se mostró sorprendido y preguntó a su amigo el motivo de la inusual cifra vertida, a lo que Marcos, picaresco, respondió que durante dos años esa mujer había sido su novia.

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