CERTAMEN LITERARIO /6º PREMIO/ SR. CARLOS FRADKIN/ STAV CLUB/ PARANA/ E.RIOS

Ana  y  Julio

Una pareja en una plaza de barrio. ella, setenta y cinco. Toman asiento en un banco de madera, frente a una fuente central, abandonada. Languidece la tarde, cansada de sol y presa de nostalgias.

JULIO: (Luego de una pausa de silencio prolongado.) ¿Te has preguntado por qué venimos a sentarnos en esta plaza? Una costumbre de años… ¿no?

ANA:  Mirá, primero hacemos de esto una salida que nos resulta agradable. Miramos las cosas: los niños que juegan, la gente que pasa, las palomas que vienen mansitas. Te diría que estamos esperando para venir. Al menos yo lo siento así, es para mí disfrutar cada vez de estos momentos.

JULIO:  Sí, es cierto… A mí también me gusta venir aquí. Es algo nuestro, más allá de la felicidad de compartir con hijos y nietos otras horas importantes. La verdad, tal vez no sea tanto el tiempo que dedicamos a nuestra intimidad. Porque seguimos siendo una pareja, ¿no te parece? Cuando no tenemos algún achaque, nos venimos por aquí, a esta hora de la tarde, cuando el sol se oculta poco a poco…

ANA.  (De improviso.)  ¿Te acordás cuando nos conocimos? En ese baile donde fuimos presentados por amigos. Yo te miré…, vos me miraste… Nos hablamos poco, pero comprendimos que algo había nacido entre nosotros. Lo que no sabíamos entonces, o lo que no imaginamos, era que pasaríamos la vida juntos.

JULIO:  Sí, Anita, de lo cual, vos sabés bien, yo no me arrepiento. Pero es claro, los años van cambiando tantas cosas… Y también nosotros, no somos los mismos.

ANA:  Bueno, viejo, pero de alguna manera, nos seguimos queriendo, aunque no lo digamos. No somos de andar con mimos, como eso de besuquearse ante los demás. Creo que nuestros sentimientos son ahora fuertes y maduros; nos apoyamos y así ¡cuántas dificultades afrontamos juntos, codo a codo!, tantas adversidades, ¿no es verdad?. Y todo esto, ¿no es una forma de amor?  El amor se sostiene día a día, y creo que hay mucha razón en ello.

JULIO:  Por supuesto, así es Ana…Dame tu mano…así… sobre mi corazón…

ANA:  Ché, fijate: ¡cómo nos miran esos gurises…!

JULIO:  ¡Qué importa!  Escuchá: ¿sentís como late?, con fuerza todavía. (Esboza una sonrisa sobradora y mira a su compañera de reojo.)

ANA:  Sí,  lo siento y bien.

JULIO:  Vamos a ver, yo también voy a poner mis manos sobre tu corazón.

ANA:  ¡Salí…!  Qué van a decir… (Simulando un prejuicio inexistente.)

JULIO:  Ah, bueno, la gente siempre tendrá pretextos para criticar.

(Pausa.). ANA:  Vamos Julio… que se hace tarde.

JULIO: ¿Y qué?, caminemos, a la luz de la luna, como en un tango…

ANA:  Ay, qué romántico…

JULIO:  No me cortés la inspiración, por favor.

ANA:  Ah, Julio…,  Julio…. Decime: qué te parece si preparamos esta noche una rica pizza. La acompañaremos con el vino tinto que teníamos reservado.

JULIO:  Muy buena idea. Debo reconocer que a veces, sólo a veces, tenés muy buenas ideas…

Se insinúa la noche. La pareja, caminando por  la calle, de regreso a casa; se toman de la mano y sienten la tibieza de sus cuerpos. Una sensación de paz y alegría, inunda dos corazones que apuestan a la vida.

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