CERTAMEN LITERARIO: 6° PREMIO

SIN REDES SOCIALES

Guillermo Szac       GRUPO LIOR (CSHA)    

76  años   divorciado

    En la pendiente de su vida se sentía capaz, pero no quería emprender el estudio de las técnicas de  la interpretación y uso de la cibernética. Se resistía a empezar. Muchos de sus coetáneos lo habían logrado.

    Hasta el teléfono celular le parecía un enemigo en ciernes, por no haber querido aprender a desentrañar misterios… Cada vez que lo usaba, miraba disimuladamente su contorno, no fuera cosa que algún cable inoportuno se enredar en sus pies y lo hiciera caer.

    Cuando ganaron las calles, él los veía asombrado, y con un dejo de temor, miraba a la gente caminar hablando sola y pensaba que se había producido alguna fuga masiva de algún instituto psiquiátrico.

    Y ni hablar de las computadoras: ellas cambiaron el mundo en poco tiempo.

Veía como sus teclados y pantallas, creados por el hombre, iban de a poco creando nuevos hombres ellas mismas, y sometiéndolos a sus designios matriarcales.

    Los miraba sentados indolentes, sosteniendo sus cabezas con una de sus manos y con la otra pulsando un portaderilla, que dirigía a un diminuto insecto que se posaba en la pantalla y al impulso de un dedo buscaba algo prefijado.

    Lo cierto es que esta maravilla irrumpió en la vida de millones de personas aliviándolas de un sinfín de esfuerzos, pero también eclipsando uno de los dones más preciados de la especie humana: aquella capacidad del intelecto que hay que poner a prueba a menudo, para resolver, recordar, evocar y memorizar hechos que hacen a la vida diaria.

    Pero en su tozudez seguía minimizando todas las ventajas que brindaban estos ingenios.

    En parte argumentaba a su favor las condiciones innatas que tenía para recordar toda clase de fechas y acontecimientos, o el acopio de información con el que contaba, por ejemplo, sobre nombres, hitos de épocas pasadas u obras de los genios que vivieron en otras épocas. Su dedicación a la escritura y a la poesía hacía que su memoria tuviese que conservar lo que había volcado al papel, ya que sus obras, por no divulgadas, no aparecían en esos escritorios dotados de pantallas. Se sabía portador del romanticismo del pasado, ajeno a cables, visores, teclados, basados en palabras en un idioma desconocido, él que era un hispanista convicto y confeso. Y todos eso, condicionado y dependiente del fluido eléctrico.

    Su sueño era sumergirse en la vastedad de la historia antigua, y en el conocimiento de la mitología griega y romana.

    Su nieto era uno de los tantos chicos que computaban.

    Un día fue a visitarlo. Se acercó distraídamente a su escritorio y admiró el dominio que ejercía sobre el equipo.

     El pibe, observándolo, le ofreció sentarse en su lugar. Él se negó pero le preguntó si podía buscar unas palabras: Medea, Zeus, Neptuno, Poseidón…

    Aparecieron en el acto con su significado. La evidencia era inapelable.

    Tendría que dejar de lado su soberbia antiprogresista y perderse en los vericuetos con salida a… ¿cómo se llama? Internet.

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